MIS CARTAS.
Terminado el mundial 78 nos fuimos con mi
marido e hijos a vivir a Venezuela. Desde
que llegue comencé a escribir cartas semanales a mi mama, familia y amigos
En la mesa del comedor
siempre se encontraba el bolígrafo, los sobres de aviación, pegados al block de
carta, cuyo papel era finito para que pesaran menos. Allí plasmaba nuestras vidas,
conversaciones y anécdotas de mis hijos, era como un diario, todas las
semanas despachaba una carta para
Argentina y de allá salía otra hacia Venezuela.
Mi necesidad de comunicación
era grande, podía escribir en cualquier parte, mientras freía torrejas,
acomodaba el block en la mesada de la cocina, si tenía una clienta con una
máscara facial, llegue a trasladar el block a la piscina del club,
entrenamientos de básquet, gimnasia, consultorios médicos. El bolígrafo seguía contando historias.
El cartero se llamaba Jesús.
Durante 27 años fue precisamente JESUS
nuestro portador de noticias, era parte importante de nuestro acontecer
cotidiano.
Se creó una familiaridad increíble. A
veces cuando salía en el auto y lo encontraba en la calle, paraba a
preguntarle: ¿TIENES CARTAS PARA MI? Si las cargaba, ahí mismo me las
entregaba, sino me decía, están en la oficina, hoy tengo otra ruta. Mi
respuesta era: ¡bueno pues, Móntate! Vamos a buscarlas a IPOSTEL luego te
regreso.
Cuando las despachaba las muchachas
de Ipostel, me conocían. Muchas veces no
tenían estampillas, entonces les decía, pésalas te dejo la plata y cuando
lleguen me las despachas. Jamás se perdió una carta.
Un día fui a despachar mis cartas y las
muchachas me dicen, el jefe esta regañando a Jesús, para que…, Haciéndome la
distraída, fui arrimándome hacia la zona de conflictos, donde estaba Jesús, con
el jefe y otra clienta, estire la oreja para escuchar el motivo de la
reprimenda, y comprobé era inocente. En un momento dado el jefe le dice: El cliente siempre tiene la razón, y para que…
salió mi espíritu justiciero y pidiendo
disculpas me metí en el medio, no siempre tenemos razón bla bla bla,,,, lo salve
del regaño.
Mi mami guardo todas las cartas ordenadamente
por día, semana, mes y año, en paquetitos, antes de partir me las entrego. Las
lleve a Venezuela y las guarde como un tesoro en la sombrerera de mami, que era
una maleta cuadrada de cartón donde las mujeres guardaban sus sombreros, cuando
viajaban.
A mediados 2016 tomamos la
decisión de regresar a Argentina, ellas no podían venirse conmigo, tenía que
dejarlas, hacerlas desaparecer, les saque fotos a los paquetitos. Y haciendo
uso de la tecnología, cual loca me dedique a escanearlas. Me paraba a las 5 del
mañana directo a la computadora. Mi vida se convirtió en un escáner. Se
vinieron conmigo en un pent drive, un disco duro extraíble y en la notebook,
las súper protegí. Allí está toda
nuestra historia.
Los tiempos cambian, mis
hijos viven lejos uno a EEUU y otra a Londres. las cartas fueron suplantadas por camaritas,
lo cual nos permite compartir momentos de la vida cotidiana, cocinar, comer
juntos y jugar con mis nietos a pesar de la distancia.
Sin embargo, conserve esa
costumbre de ir escribiendo todo lo que vivo en tiempo presente. Cada
encuentro, cada momento vivido lo plasmo en la computadora, arme una carpeta para
cada nieto, con escritos de los encuentros y vivencias, junto a videos editados
que acompañan esas historias.
Ellos el día de mañana tendrán parte de sus vidas retratadas
por su abu LILI. Así como abu Lili conservó las historias de sus
papas gracias a las cartas que abu FIFI
guardó
.
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