LOS      ABRAZOS 
setiembre de 2018

          En  clase el profesor José nos sugirió algunos temas. Mi Liliana caprichosa y rebelde se planto… No me gusta escribir sobre temas sugeridos. Mi rebeldía duro  hasta llegar a casa. 

  Me sumergí  y bucie en mi interior.  Ese viaje a mis profundidades, hizo aflorar distintas imagenes,  me  transportaron a la   necesidad de comunicar de manera sensorial, táctil.  El tocar, sobar, una palmadita, un apretón de manos, una caricia, una mirada y fundamentalmente un profundo ABRAZO.

       Expresiones de afecto,  que  permiten conectar con el otro desde lo más profundo de mi ser, son caricias al alma,  me sucede con hombres, mujeres, niños, lo manifiesto donde  y con  quien sea. En público o  privado.  En ocasiones la gente se codea,   porque estoy tomada de la mano en un bar con un hombre  mayor, una mujer,   o camino abrazada con un   amigo por la calle.  Puedo  fundirme en un gran abrazo con  alguien recien conocida, y su historia me conmueve. 
Soy consciente, en algunas circunstancias ciertas actitudes, dieron pie a tema de conversación entre parejas. Para mí un abrazo puede más que mil palabras, un abrazo es una profunda comunicación de almas.  El abrazo encierra distintos mensajes,pueden transmitir contención, comprensión, fortaleza, ternura, paz, calma, alegría, reencuentros, los matices son infinitos, la gama de mensajes no tiene fin, es un dar y recibir amor puro. El Amor universal espiritual lo es todo. En ese bucear mis sentires, elegí   dos abrazos muy sentidos y disimiles. Paso a contar

       Cuando  Leandro tenía 7 años, un día me plantea:  mami  ¨soy grande y no quiero más abrazos.”   Tuvimos una charla profunda donde  explique  hasta que sea viejita chuchumeca,  lo seguiría abrazando, podíamos llegar a hacer una concesión, delante de la gente por respeto a su decisión, no lo haría. Hoy a sus 45 años me emociona verlo desplegar su ternura, con su mujer, hijo, incluida su mama, a pesar de estar lejos, cuando nos juntamos, siempre tiene gestos de cariño espontáneos, una pasadita por el hombro, un abrazo, una mirada tierna.
        En una oportunidad estando en Venezuela y siendo mis niños pequeños, supe expresar un sueño  que tenía.   En una de nuestras tantas charlas les transmití, mi   necesidad de sentir algún día un familiar o amigo de Argentina   me sorprendieran y llegaran de repente a tocar la puerta de mi casa de sorpresa.
      Desde esa charla pasaron muchos años. Leandro se graduó, se fue a vivir a EEUU.  Y un día, mientras trabajaba en mi cuarto, con ventana hacia la calle, escucho de repente sonar la campanita de la puerta… Me asomo y Wouuu ¡!! lo veo a él paradito con su mochila, como cuando llegaba de la universidad. Mis gritos fueron descomunales. Alce los brazos gritando AY AY AYYYYY, y salí mandada hacia la puerta, mientras mis piernas temblaban a mas no dar. Nos fundimos en un abrazo interminable donde mi corazón brincaba, corcoveaba como loco, todo mi cuerpo temblaba y él me sostenía con fuerzas para calmar mi emoción. Fue una mezcla de sentires muy profundos que calaron muy hondo en mi corazón. A la alegría de haber hecho realidad mi sueño, se sumaba, la emoción de comprobar,  ese ser tan pequeñito, atesoro esa charla, para llegado el momento ser  el protagonista de cumplir el sueño de su mama.
    Tenía pensado transitar otro abrazo, mas no puedo continuar la narración, quiero seguir sintiendo ese abrazo con la misma intensidad que lo viví ese día. Los recuerdos son tan vividos que necesito seguir saboreándolos, el otro se los debo.


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